viernes, junio 29, 2007

DE SAMARCANDA A PARÍS

La parisina Ópera de la Bastilla alumbró hace más de un año las primeras palabras del escritor Amin Maalouf destinadas a un pentagrama: Adriana Mater. Kaija Saariaho, compositora finlandesa, las vistió con música y Peter Sellars imaginó el gesto y el paisaje en la escena. Yo me hallaba por esos días en la capital francesa, pero no hubo manera de encontrar entradas disponibles, y desde entonces mi frustración me obliga a practicar a menudo en público el masoquismo de averiguar qué es lo que me perdí. Alex Ross, pongo por caso, crítico del The New Yorker, hace aquí un ejercicio de literatura para describir la música.

Según contaron las crónicas, el libreto, ya a la venta, gira en torno al tema más recurrente en toda la obra de Maalouf, la identidad, aquí sostenida por las asas de la maternidad y la violencia étnica. Otros críticos aseguran que, como todas las grandes obras, Adriana Mater te deja las manos rebosantes de patatas calientes. La que más arde: "¿es posible el perdón en circunstancias extremas?" A la espera de que se decidan a grabar la música, me consuelo con las palabras de Maalouf. De manera especial, estas patatas calientes para consumo de fundamentalistas del patriotismo. A soplar:


Cuando me preguntan qué soy "en el fondo de mí mismo", se da por supuesto que hay, "en el fondo del fondo" de cada uno, una sola pertenencia importante, su "verdad profunda", por así decirlo , su "esencia", determinada una vez por todas al nacer, y que permanecerá invariable; como si el resto, todo el resto -su trayectoria de hombre libre, las convicciones que ha adquirido, sus preferencias, la propia sensibilidad, sus afinidades, su vida, en definitiva,- no contara para nada. Y cuando se incita a nuestros contemporáneos a "afirmar su identidad", como a menudo se hace hoy, lo que se les está diciendo es que deben encontrar en el fondo de si mismos esta pretendida pertenencia fundamental, que a menudo es de cariz religioso, o nacional, o racial, o étnico, y blandirla orgullosamente ante los otros. Si alguien reivindica una identidad más compleja se encuentra marginado.

Las identidades que matan

Amin Maalouf

ACTUALIZACIÓN: ÓPERA PUNK? Esta es la imagen con la que el NYT corona la crítica de un nuevo estreno operístico en la Bastilla, "Les Temps des Gitans", adaptación del film homónimo imaginado por el director de cine Emir Kusturica, firmante también de su reconversión en ópera. Ambas obras, ésta y Adriana Mater, surgen de la voluntad del director general de la Ópera Nacional de París, Gerard Mortier, uno de los más solventes renovadores de este género como espectáculo.

2 comentarios:

Isa dijo...

Adriana mater, Adriana madre ante todo, un canto a la maternidad (contra el aborto a pesar de la violación) donde el amor triunfa sobre la muerte y el perdón sobre la venganza. Adriana mater, Adriana madre de todos los pueblos nos deja un mensaje:
'Ese hombre merecía morir pero tú, hijo mío, no merecías matar.'
Saludos.

El espía de Mahler dijo...

isa, gracias por la cita. Siempre un placer tu visita.

Saludos