Suelo aconsejar a mis adolescentes alumnos de violín y viola que no se dediquen profesionalmente a la música, sino que cursen cualquier otra carrera. Y es que más que músicos, nos urgen abogados, ebanistas, médicos, todo el etcétera, en fin, de las carreras universitarias y técnicas, que alguna vez hayan participado de manera activa en la experiencia de la música. La supervivencia de la música clásica depende más de ellos que de los intérpretes. Dime egoísta.



