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domingo, julio 08, 2007

ENSAYO GENERAL CON...

Sergiu Celibidache

Réquiem, Fauré

London Symphony orchestra

"Nosotros no hacemos música, sino que establecemos las condiciones para que esta belleza se materialice. No la creamos, ella está allí"

Sergiu Celibidache

Aquí:

miércoles, mayo 30, 2007

CREAR CON PERSPECTIVA

El ensayo general con Sergiu Celibidache que publiqué el domingo no fue una capricho, sino un ejercicio de aclimatación. Y es que esta semana los sinfónicos del Vallés nos estamos dejando guiar por uno de los alumnos más fieles a la teología del maestro: Jordi Mora.

Por si no lo sabían, Celibidache no sostenía teorías, sino teologías con amén incluido. El dios de la teología celibidachiana es el fraseo, en palabras de Mora: “Frasear es hacer música. No frasear es crear sensaciones sonoras locales que no pueden integrarse dentro de una unidad, es decir, algo que no tiene nada que ver con la música.” Con Celibidache una frase musical forma parte de un universo orgánico. Nace, crece, culmina, decae y muere. Como tú y yo: la vida.

Las consecuencias del fraseo o su ausencia las entenderéis enseguida con dos ejemplos que encarnan dos maneras diferentes de entender un mismo tema, el que abre el último movimiento del la Cuarta Sinfonía de Brahms, la obra principal del programa que ensayamos esta semana.

En el primer ejemplo, “BrahmsCelibidache”, fijaos como el tema nace y se desarrolla alimentado por la dinámica, cada vez con más fuerza y tensión, hasta alcanzar la cima del quinto compás. A partir de ese instante el sonido se relaja para resolver en la nota principal de la tonalidad, mi menor, donde muere para dejar espacio al nacimiento de otra frase, de otra vida. Celibidache, en fin, ha construido aquí una unidad de ocho compases donde cada nota es un efecto de la anterior y una causa de la siguiente. Esto es frasear: crear con perspectiva.

En el segundo ejemplo, “BrahmsKleiber”, sucede todo lo contrario. Carlos Kleiber empieza con una dinámica en forte que nunca abandonará, creándote la angustiosa la sensación de no ir a ninguna parte. Cada compás de la frase se mantiene, de manera egoísta, independiente el uno del otro. No puede morir nada porque nada ha nacido. Sólo un continente de sonido vacío de contenido. Aquí, la ausencia de perspectiva da como resultado una geografía sin relieve.

El tercer ejemplo no tiene nada que ver con el tema: es la obra que ilustraba un post anterior sobre el "Duettino buffo di due gatti", de Rossini. Cosas de Box.net. Por cierto, los gatos, como Carlos Kleiber, tampoco frasean.


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Así pues, donde Celibidache hilvana un discurso lumininoso, en Kleiber prevalece el grito en la oscuridad. Corolario: Celibidache ha dibujado en ocho compases el esquema del ciclo de una vida, la de un tema de Brahms como metáfora de la nuestra; Kleiber, en cambio, sólo nos ofrece de ella el pálido reflejo de un instante.