
Toronto
Via Soho the Dog
Un "gentleman" debería saber que una mujer con esas uñas tan largas no toca el violín, sólo lo araña. Mentirosa.
Via El café de Ocata
El diario Público acompaña hoy su edición dominguera con un Cd de Pavarotti. Si contemplas tamaña acción en perspectiva, resolverás que es del todo esquizofrénica, porque en sus escasos días de su existencia, este periódico Escolar ha mostrado a través de sus páginas de cultura cuál es la importancia que da a lo que simboliza la voz del tenor italiano: la del pepino. Y es que no acierto a entender el ideario de un medio de comunicación que utiliza los "do" de pecho de Pavarotti para vender más ejemplares, pero a la vez considera que la ópera, o la música sinfónica y sus creadores, no pueden compartir espacio en su sección de cultura con un rapero que viola versos. Dicho en corto, me da el pálpito de que para "Público" Puccini no existe como realidad cultural, sino como instrumento de comercio. Una impresión alarmante cuando adviertes su postulación como izquierda alardeada. "Nessun Dorma".
No es que el verano y sus asuetos se me hayan prolongado en exceso por capricho, sino que el otoño y su himno laboral resonaron en mi ánimo antes de tiempo. A este desencaje de las estaciones hay que sumarle una obras de reforma en mi casa que se han prolongado mucho más compases de lo esperado. Pero ya estoy aquí de vuelta, aunque ignoro si es para quedarme. El caso es que hace días que tengo la necesidad de contar esto: la otra noche, mientras interpretaba una versión ensimismada y autocomplaciente, impuesta por el director, de la Séptima sinfonía de Beethoven, me asaltó una duda: ¿Beethoven tiene que sonar así en estos tiempos convulsos, como si las Torres Gemelas siguieran en su sitio? La respuesta fue irme a la cama sin cenar por culpa del fantasma de la decadencia de Occidente. Y así sigo, con la insana arrogancia incrustada en el cerebro de suponerme tuerto entre ciegos. ¡Luz, más luz!
El canto de la ópera “Le Rois d’Ys” de Edouard Lalo es perjudicial para el hígado, sobre todo si la mencionada víscera se ubica en el cuerpo de Montserrat Caballé. Al menos esta conclusión es la que se desprendía del parte médico de la magna cantante, recitado de oídas por el director del evento al inicio del ensayo de ayer. A partir de este percance circularon dos noticias entre los los atriles de la orquesta: una buena y una mala. La buena es que han encontrado a otra soprano con el hígado a prueba de Lalo; la mala: sólo dispone de tres días para aprenderse el papel.
Por otra parte, el director desperdició el ensayo tratando de convencernos de que la música incrustada por Lalo en esta partitura era maravillosa, pero fracasó en el intento con el mismo estrépito de Wagner periférico contenido en “Le Rois d’Ys”, cuyas melodías te convencen sobre la idoneidad de la guillotina como método para arrancarles la cabeza a todas las monarquías de ficción.
Perdimos, en fin, a la Caballé, pero nos queda Josep Carreras, la magna voz cuyo nombre obvié ayer, de quien el próximo viernes los sinfónicos del Vallés seremos su sombra en el Festival de Cap Roig. En este caso dirige David Giménez Carreras, nuestro director titular y sobrino del excelso tenor, aunque después de ensayar su versión de “La vida breve” de Falla, toda la orquesta duda de que sea este el orden de los factores que lo describen. Suerte de que los sinfónicos del Vallés tenemos hígados para soportarlo todo.
En los próximos quince días los sinfónicos del Vallés estaremos al servicio de dos magnas voces que aprovechan el calor estival para conjurar el otoño de sus carreras. Y es que el verano resulta el elixir de la juventud más codiciado por las glorias animadas del canto de ayer y de hoy. Montserrat Caballé, pongo por caso, de quien las enciclopedias certifican que lo ha cantado casi todo, menos la ópera que interpretaremos con ella la semana próxima en la ciudad donde muchos catalanes perdieron la inocencia en el último tango del franquismo, y Carod-Rovira inocentó la perdición en el primer tango del tripartito: Perpiñán.
La obra en liza, enmarcada hoy por nuestros atriles, es “Le Roi d’Ys” del casi francés Edouard Lalo, "casi" contemplado desde la perspectiva de su concierto para violín, travestido en sinfonía española para mayor erotismo del repertorio según confesión de sus notas iniciales: “La lami”. A causa de una timidez congénita no comentaré los riesgos, consustanciales al hecho que la Caballé se aprenda un papel nuevo con 74 calendarios acumulados en las cuerdas vocales, insinuados esta mañana por la batuta de la producción, tan útil artesano como artista inútil, a través de una explícita apelación a nuestra paciencia ante los ensayos que se nos avecinan.
Sinfonía Española, de Lalo
Por lo que respecta a la segunda magna voz, cuyo aspecto relamido recuerda al violín más español de Lalo, mañana les revelaré su identidad. Hoy no hace falta, pues este post ya ha hallado su moraleja: los músicos de orquesta invernamos en verano para que los cantantes otoñales sueñen con primaveras perdidas. Tempus fugit.
Hace unos meses un crítico "Made in Catalonia" juzgó nuestra interpretación de la segunda de Chaikovski sinfonía se entiende escribiendo que sólo una orquesta rusa podia captar la esencia de aquella obra de inmediato pensé que entonces sólo un crítico autóctono ruso se entiende podria saberlo y después recordé el cuento de Monterroso "Sinfonía concluida" allí donde dice un momento que lo busco "una vez en Viena pues peor porque no iba a ir decían un Leirmann guatemalteco a enseñarles a localizar obras perdidas y mucho menos de Schubert" la Inacabada se entiende pero mi memoria erró el disparó porque ahora sé que el relato de Monterroso que correspondía con aquella crítica era el que te descubre que cada mañana al despertar los animales prehistóricos aún permanecen entre nosotros los dinosauros se entiende.
**************
Estimado Sr. Rudolph Louis:
Ahora mismo me hallo sentado en la habitación más pequeña de mi casa. Tengo ante mí su crítica de mi obra. En unos instantes estará detrás de mí. Atentamente
Max Reger
Max Reger
Sergiu Celibidache
Réquiem, Fauré
London Symphony orchestra
"Nosotros no hacemos música, sino que establecemos las condiciones para que esta belleza se materialice. No la creamos, ella está allí"
Sergiu Celibidache
Aquí:
Simon Mulligan pianista de jazz Joshua Bell violinista Emmanuel Pahud flautista Corey Cerovsek violinista Pavel Sporcl violinista | Lara St.John violinista Linda Brava violinista Elena Riu pianista Min Lee violinista Hélène Grimaud pianista |
Artículo de Glen Gould públicado en la revista High Fidelity en noviembre de 1967:
Tonalmente, los Beatles tienen tan poca consideración por las sutilezas en la conducción de las voces como Erik Satie por la angustiada relación de los postrománticos alemanes. La suya es una marca feliz, descarada, beligerantemente torpe de primitivismo armónico. Su carrera es una larga caricatura de la ecuación "sofisticación = extensión cromática". las deliberadas prolongaciones de la dominante y las falsas liberaciones de la tónica a que nos someten, no obstante "Michelle", en nombre de la elaboración del primer plano, son sólo síntomas de una arrogante versión por respetar las propiedades psicológicas del fondo tonal. En el repertorio de la banda de Liverpool, el desenfrenado amateurismo del material musical, aunque seguido de cerca por la indiferencia del estilo interpretativo, sólo se ve superado por la ineptitud del método de producción de estudio.
Un pecado capital como tarjeta de presentación del director más listo del planeta en El País Semanal. Soy comprensivo: un cebo para atraer a esa inmensa mayoría de lectores a quienes, a estas alturas del termómetro estival, Berlín y su Filarmónica les cae en la geografía del corazón más lejos que Cancún y sus playas. ¿Envidia? En mis caso, esas palabras de ritmo contorneante que exhiben el pensamiento desnudo de Simon Rattle, me despertaron una cierta lujuria…
(…) Hay dos fundamentales: una orquesta que no afronta el repertorio de su tiempo muere, y muere merecidamente; otra es que si no forma parte de la comunidad a la que pertenece y evangeliza a su alrededor, tampoco tiene nada que hacer.
(…) Tienes que hacerlo, convertirte en evangelista. El día de los sumos sacerdotes desde el púlpito ha terminado para la música clásica. Ya no viene nadie, tenemos que salir nosotros a por ellos. No es el único tipo de música que la gente quiere escuchar. Pero sin ella, su vida es mucho menos rica. Hay algo que esta música puede dar a todo el mundo, que no encuentras en otras; pero, claro, hay que mostrarlo.(…)
…y una irreprimible ira en esta disonancia sobre el presidente Chávez:
Es muy listo. Y tiene suerte, además de petróleo. A pesar de lo que se diga, se preocupa por el bienestar de su gente. Ante todo es un político, y en todos los lados hay gente despreciable. Por lo menos, él me hace reír, no como los neocon.
Esto no hace ninguna gracia:
"Mi libertad no cuenta los años que yo tengo,
pastora inclaudicable de mis eternos sueños.
Mi libertad me deja y soy un pobre espectro,
mi libertad me llama y en trajes de alas vuelvo."
Horacio Ferrer
La parisina Ópera de la Bastilla alumbró hace más de un año las primeras palabras del escritor Amin Maalouf destinadas a un pentagrama: Adriana Mater. Kaija Saariaho, compositora finlandesa, las vistió con música y Peter Sellars imaginó el gesto y el paisaje en la escena. Yo me hallaba por esos días en la capital francesa, pero no hubo manera de encontrar entradas disponibles, y desde entonces mi frustración me obliga a practicar a menudo en público el masoquismo de averiguar qué es lo que me perdí. Alex Ross, pongo por caso, crítico del The New Yorker, hace aquí un ejercicio de literatura para describir la música.
Según contaron las crónicas, el libreto, ya a la venta, gira en torno al tema más recurrente en toda la obra de Maalouf, la identidad, aquí sostenida por las asas de la maternidad y la violencia étnica. Otros críticos aseguran que, como todas las grandes obras, Adriana Mater te deja las manos rebosantes de patatas calientes. La que más arde: "¿es posible el perdón en circunstancias extremas?" A la espera de que se decidan a grabar la música, me consuelo con las palabras de Maalouf. De manera especial, estas patatas calientes para consumo de fundamentalistas del patriotismo. A soplar:
Cuando me preguntan qué soy "en el fondo de mí mismo", se da por supuesto que hay, "en el fondo del fondo" de cada uno, una sola pertenencia importante, su "verdad profunda", por así decirlo , su "esencia", determinada una vez por todas al nacer, y que permanecerá invariable; como si el resto, todo el resto -su trayectoria de hombre libre, las convicciones que ha adquirido, sus preferencias, la propia sensibilidad, sus afinidades, su vida, en definitiva,- no contara para nada. Y cuando se incita a nuestros contemporáneos a "afirmar su identidad", como a menudo se hace hoy, lo que se les está diciendo es que deben encontrar en el fondo de si mismos esta pretendida pertenencia fundamental, que a menudo es de cariz religioso, o nacional, o racial, o étnico, y blandirla orgullosamente ante los otros. Si alguien reivindica una identidad más compleja se encuentra marginado.
Las identidades que matan
Amin Maalouf
ACTUALIZACIÓN: ÓPERA PUNK? Esta es la imagen con la que el NYT corona la crítica de un nuevo estreno operístico en la Bastilla, "Les Temps des Gitans", adaptación del film homónimo imaginado por el director de cine Emir Kusturica, firmante también de su reconversión en ópera. Ambas obras, ésta y Adriana Mater, surgen de la voluntad del director general de la Ópera Nacional de París, Gerard Mortier, uno de los más solventes renovadores de este género como espectáculo.
El crítico musical Greg Sandow dejó escrito hace un tiempo en su blog que los músicos sinfónicos estamos convencidos de que nuestro repertorio es mucho más inteligente que el de otras músicas de hoy, de factura mucho más elemental. Pero Sandow, enumerando una serie de aspectos que caracterizan hoy el trabajo de las orquestas, se pregunta qué tiene de inteligente la manera como presentamos la música sinfónica en la actualidad. Con las palabras de Sandow:
-¿Es una prueba de inteligencia tocar disfrazado con un frac -por cierto, la Filarmónica de Berlín ya no lo usa - un uniforme que dice más sobre la clase social que antes apoyaba a la música clásica, que sobre la naturaleza misma de la música?
-¿Es una prueba de inteligencia programar un concierto con obras sin ninguna interconexión, sólo para hacer la velada lo suficientemente larga?
-¿Es una prueba de inteligencia tocar las mismas obras una y otra vez sin explicar al público por qué su audición es importante para sus vidas?
-¿Es una prueba de inteligencia marginar de las programaciones las músicas de hoy, y no sólo la música contemporánea, sino también otras músicas nacidas en el siglo XX?
Las orquestas insistimos en casi todos estos aspectos que, en vez de resaltar la supuesta inteligencia privilegiada de la música clásica, de la que presumimos, lo que consiguen, en cambio, es desproveerla de sus valores al enmarcarla en un contexto que apesta a naftalina. Y es que si sólo se programan las obras más populares, sin nada alrededor que se les dé un significado, las orquestas caemos en un círculo vicioso de rutina que impide nuestro desarrollo. Una inteligencia, en fin, muy tonta.
EDWARD SAID: La autenticidad también consiste en justificar el presente en relación con el pasado. Es un error pensar que la autenticidad busca el pasado. Se trata siempre del presente, y de cómo el presente ve y reconstruye el pasado, el pasado que quiere.
DANIEL BARENBOIM: Si aceptamos la premisa de Edward de que se trata de una imagen del presente, entonces tenemos una imagen bien pobre del presente, porque nunca ha habido una generación tan preocupada por el pasado como ésta. En arqueología es frecuente ver ciudades que se construyeron encima de otras ciudades. Nosotros no tenemos el valor de dejar atrás aquellas cosas que hay que dejar atrás y seguir adelante. En mi opinión eso es parte del mal que aqueja a la sociedad moderna. La diferencia entre el movimiento de autenticidad y la forma en que Schumann, Mendelssohn o Wagner interpretaban a Bach o Beethoven es que ellos eran auténticamente modernos. Ellos luchaban para llevar el pasado a sus tiempos. Muchos de los miembros del movimiento de nuestros días dan por sentado que siguen una tendencia muy moderna, cuando en realidad lo que hacen es volver atrás por su incapacidad para transformarlo en algo contemporáneo (...) ¿Tratar de reproducir el pasado? La palabra "reproducir" de por sí ya es un signo de pobreza.
Abduraimov, muy Liszto